Apuntes para una crítica a los Directores Técnicos

 
Para charlar

Fútbol: Dónde está el desequilibrio

Por Gabriel Fernández *

La abundancia es grata; además, facilita el desarrollo. Seamos francos: las proteínas que obtiene el pueblo durante los períodos nacionales y populares resultan los elementos de base para la construcción de obras culturales importantes y el surgimiento de deportistas valiosos. Mientras peor, peor, y mientras mejor, mejor. 

Pero hay variantes a tener en cuenta, tras formular esa aclaración inicial. En el ámbito futbolístico, el fundamento de talento técnico vasto y bullente en todo el territorio nacional, que ostensiblemente ha servido para disparar por décadas la calidad del balompié nacional, se ha convertido en una fuente de pereza laboral… para los directores técnicos.

Así es amigo: siéntese tranquilo, prepare el mate y vamos conversar de fútbol. Si tiene tiempo, busque para después en YouTube el partido completo entre Juventus y Argentinos Juniors, aquella final imponente.

Veamos: si uno tiene cierta facilidad para la escritura, por ejemplo, la redacción diaria de textos apuntala el oficio y mejora el tono. A medida que se escribe, la misma acción contribuye a moldear un estilo, brindar volumen a la información y profundidad al análisis. Ahora bien; si se deja de escribir –digamos- por cinco años, la cosa es distinta.

Por mucha capacidad natural que se posea, por mucha formación previa que se haya alcanzado, el hecho práctico de la plasmación de ideas no tiene relevo. Al dejar de lado la dedicación que implica el manejo del lenguaje, todo cuesta más, el concepto se traba y la torpeza logra difuminar la sapiencia pretérita hasta convertirla en un rastro deshilachado.

El resto de las actividades humanas, salvo excepciones, merecen consideraciones semejantes. Órgano que no se usa se atrofia, a caminar se aprende caminando, el hambre llega comiendo; y cosas así, por tomar del saber popular algunas frases que, aunque en ocasiones son arbitrarias, guardan un toque de verdad que cabe tomar en cuenta.

En la Argentina, desde séptima división, más o menos, los pibes dejan de practicar dominio de balón. El trabajo semanal resulta progresivamente físico y táctico hasta ocupar la totalidad de la actividad futbolística. Los entrenadores estiman que el jugador viene hecho, y que la técnica no se debe laborar como cualquier otra habilidad.

Piense lector futbolero: esto es lo que explica algunas de las cosas inexplicables que suceden en situaciones intensas, cuando el manejo es esencial, en el maravilloso fútbol que nos toca vivir. Y aquí surge una confusión que necesitamos aclarar con gran precisión: no se trata de una reflexión destinada a apuntalar un estilo romántico de juego. Es una idea que sirve para cualquier esquema táctico planteado.

En primer lugar, la técnica es trascendente en todos los puestos. Cada uno tiene su desafío, su exigencia, su maña. El arco, la defensa, el mediojuego de contención, la administración, el mediocampo creativo, la ofensiva, el área. Todos los jugadores necesitan, junto con el necesario entrenamiento táctico y físico, el dominio técnico del balón según su puesto.

Con el régimen actual, desdeñoso de una técnica que suele venir integrada a los miles de pibes de buen pie que brinda la nación argentina, los jugadores no desarrollan acción con el balón para mejorar su dominio durante los cinco o seis años –o más- previos a la primera. Es más: está instalado que la práctica con conos, de paredes y esquive simple para descargar, “es pa´ los chicos”.

Es muy difícil, charlando con los directores técnicos de cualquier división, lograr que consideren esos entrenamientos mucho más allá de Infantiles. Y –francamente- aún en Infantiles los estiman más como un sistema de preselección (para descubrir rápido quién es de madera y quién tiene dotes naturales) que como una acción destinada al crecimiento del pibe como jugador.

Sin embargo, cuando el talento en acción es necesario, la realidad, única verdad, hace lo suyo: fíjese, lector futbolero, cómo jugadores hábiles con el balón entregan mal al salir de la gambeta. Fíjese además cómo, pese a ser evaluados talentosos, muchos devuelven erróneamente paredes sencillas. Evalúe también cómo, en situación no exigida, los defensores rechazan alto innecesariamente. Y mil ejemplos más.

Todo esto no deshace la caracterización que venimos formulando hace un puñado de años sobre el presente del fútbol argentino. Es más exigente porque requiere habilidad en velocidad. Y el jugador promedio, da la talla. Pero podría ser mejor, y si es así por qué no intentarlo. Las condiciones naturales necesitan práctica continua para su sostenimiento y su desarrollo.

Por supuesto que los beneficiarios directos de esta “innovación” (que no es otra cosa que retomar las fuentes desde una perspectiva moderna y veloz), serían esquemas como los planteados por el Negro Rodríguez, Cocca, o si prefiere, Cappa y sus filósofos. Pero para ser sinceros, es pertinente señalar que aún los posicionamientos defensivos cerrados o los que buscan abrir la contra acelerada, necesitan precisión y manejo en momentos clave.

Lejos de pretender convertir a un lateral férreo en un Bochini o confundir un delantero de área “aliento a ajo” con Babington, de lo que se trata es: ya que todos los pibes seleccionados en los equipos de AFA cuentan con un bagaje promedio de interés ¿porqué no desplegarlo al límite para puedan constituirse en cuatros o nueves con el recurso esencial para descargar con buen tino?

Para los directores técnicos, cuya denominación es, por tanto, equívoca, la táctica y la física mandan. El problema es que han olvidado algo que se aprende en la cancha: gana el uno a uno, gana el que tiene jugadores que en su puesto desequilibran al equivalente rival. Esto es: la táctica y la física suelen ser equilibradas en el fútbol profesional. Por tanto, la diferencia es gestada por la vieja y buena técnica.

Sin ella, los gatos son pardos, la Biblia yace junto al calefón y da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón. No hay nada más triste que dilapidar capital. Sobre todo si el capital es humano.

*Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica.